Conoce las trágicas situaciones tristemente comunes en la Vida de los Galgos.

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Los galgos son una raza de perro con un carácter muy especial. Son nobles, leales, cariñosos, sociables, les encantan los niños pequeños y además son muy, muy vagos. A pesar de su capacidad para correr a velocidades increíbles, lo que más les gusta es dormir (llegan a hacerlo entre 16 y 18 horas al día), a ser posible en un colchón blando donde puedan hacerse un acogedor nido.

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Desgraciadamente, muchos galgos no pueden llevar una vida tranquila y feliz como a ellos y a nosotros nos gustaría. Su gran velocidad, su excelente vista a distancia y su instinto los hacen perfectos para la caza de la liebre, con lo que muchas personas conocidas como “galgueros” los crían para un gran negocio generado alrededor de esta actividad. Esto hace que muchos de ellos pasen a lo largo de su vida por algunas experiencias terribles y evitables que no deberían suceder.

Cría masiva

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La caza de la liebre es un gran negocio, y algunos de los perros alcanzan precios muy altos. Como todo negocio necesita una producción más preocupada de la rentabilidad que del producto. Esto da como resultado una cría masiva de galgos que, evidentemente, nacen y crecen en condiciones que no son las adecuadas: hacinados, y compitiendo con los otros perros por la comida para infundirles espíritu competitivo.

Duros adiestramientos

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Para que los perros cacen hay que adiestrarlos, y en el proceso se les somete a un duro entrenamiento que, en muchas ocasiones roza y supera la línea del maltrato animal. Una de las prácticas habituales es atar varios perros a la parte trasera de un coche y hacerles correr tras él durante 20 o 25 kilómetros. Ni que decir tiene que esta práctica inhumana les estresa y les agota hasta el límite.

Fracturas, agotamiento extremo y otras peligrosas lesiones

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Una de las características de estos perros es la velocidad, y para que puedan alcanzarla su cuerpo debe ser ligero y aerodinámico. Sus huesos son frágiles, y los terrenos por los que los hacen correr son áridos, irregulares, con piedras. Esto hace habitual que se fracturen las patas y otros huesos. Cuando esto ocurre, obviamente, dejan de ser útiles para la caza, con lo cual se convierten en animales desechables. También son habituales los cortes en las almohadillas, y objetos clavados, con el correspondiente riesgo de infecciones y otras complicaciones.

Durante la caza, los perros pueden llegar a perseguir la liebre durante varios minutos. Cuando acaban, su agotamiento es extremo hasta el punto de no poder mantenerse en pie.

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Competencia cruel

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La caza de la liebre consiste en soltar dos perros para que la persigan: el que la alcance se considera ganador. Es el orgullo de su dueño y se queda con los aplausos. Por contra, el “perdedor” tiene el riesgo de no considerarse ya lo suficientemente bueno para la caza, por lo que pasa a ser prescindible.

Los “greyhound”, una raza parecida al galgo español, son utilizados en algunos países anglosajones para carreras.

Abandono masivo

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Los galgos, como le pasa a cualquiera que realice una actividad física, pueden realizarla al máximo nivel hasta cierta edad. En este caso, a los 3 años aproximadamente, empiezan a perder su pico de velocidad, con lo que ya no pueden competir. Cuando dejan de ser útiles para esta actividad, hasta 60.000 perros cada año sufren el abandono. Si visitas a un “galguero”, siempre observarás que tiene varios perros de 2 o 3 años de media. Suelen llevar cazando muchos más años. ¿Dónde están los perros más mayores entonces? Probablemente, si les preguntases, no te responderían.

Vivir en el abandono

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Cuando se abandona a un galgo, se le condena a vagar buscando comida entre la basura y estando a merced del frío (al que son extremadamente sensibles debido a su poca cantidad de grasa en su cuerpo), al hambre y a otros riesgos como ser atropellados. Cuando un galgo tiene miedo, corre sin mirar, con lo que un perro abandonado que, probablemente no haya sido bien tratado, es susceptible de asustarse de la gente u otros animales, con el consiguiente riesgo de ser atropellado mientras huye. Aparte de todo, sufrirán de algo que para los perros es incluso peor que todas estas inclemencias: una terrible soledad. La peor época del año es en febrero, una vez pasada la temporada de caza, que es cuando se produce el mayor número de abandonos.

 

Asesinatos a sangre fría

Es duro decir que el mejor de los casos cuando un galgo deja de ser útil para la caza de la liebre es que lo dejen en una perrera o protectora. En otras ocasiones, lo dejarán en la calle. Pero es más habitual de lo que debería (y que hubiera un sólo caso ya sería demasiado) que haya quien se deshaga de los perros de una manera mucho más terrible y cruel: ahorcándolos o arrojándolos a pozos. Aunque va contra la ley, no se toman las medidas oportunas y hay pocos casos en los que los culpables paguen con una pena como la que correspondería ante un crimen tan atroz.

 

Hay personas que les ayudan, y tu también puedes hacerlo

Como en casi todas las historias tristes sobre animales que sufren la codicia y la crueldad humana, también aquí hay un reverso que muestra el lado bueno de las personas: las que dedican su tiempo, esfuerzo y recursos a tratar de ayudar al máximo número posible de estos animales, ofreciéndoles cuidados médicos, cariño y la posibilidad de ser dados en adopción a una familia para que vivan felices el resto de sus vidas. Es el caso de la ONG SOS galgos, en cuya página web os podéis informar de como ayudar, bien pagando una cuota de socio, bien ofreciendo vuestra casa como acogida o, en el mejor de los casos, adoptando y rehabilitando a un animal agradecido que se convertirá en vuestro mejor amigo desde el primer momento. Eso sí, tendréis que compartir el sofá, les encanta.

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Si queréis saber más acerca de la situación que viven muchos galgos, os recomendamos el excelente documental Febrero, el miedo de los galgos que podéis ver de manera gratuita a través de el enlace. Dirigido por Irene Blázquez, cuenta con entrevistas a galgueros, cazadores y personas que tratan de que esta práctica se termine y ayudan a los galgos.

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Si pensáis que la tradición no es excusa para hacer sufrir a los animales, y que, igual que se hizo en Reino Unido con otra práctica cruel como la caza del zorro, pensáis que se debería prohibir esta práctica, podéis firmar una petición en este enlace.

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